mayo 2011
Es difícil definir con certeza el sonido de Americania. El trío caraqueño ha demostrado desde sus inicios que no busca lugares comunes -ni siquiera cómodos- a la hora de hacer música. También ha expresado siempre que la belleza, además de estar en los fondos y formas, debe estar en los detalles. Quizás es por esto que Americania puede evocar a los Beach Boys, a Whitest Boy Alive, a Phoenix, a Smashing Pumpkins (y tantos otros), pero a la vez no sonar como ninguna de estas bandas.
Sigo, la primera producción discográfica de la banda, es una obra lúcida y honesta que hace sentir que gran parte de su claridad y su poder emocional nace de sus contradicciones: las dudas, la confianza, el amor, los miedos, el deseo, el dolor, lo puro, lo incierto, la alegría, la tristeza.
El disco gira entorno a la conexión entre sus partes y la dinámica lúdica que brotan sus arreglos instrumentales y sus armonías vocales frágiles pero definitivas. Los bajos de Armando Añez -sus virtuosismos, sus silencios- parecen existir en función de las baterías compactas y diligentes de Álvaro Casas y los distintos universos que abarcan las guitarras de Ítalo Pizzolante, a veces delicadísimas, a veces violentas. Y todo esto a su vez se complementa con el instrumento esencial de la obra: las voces de los tres integrantes, etéreas en algunos momentos, obvias en otros, llevan el vital elemento lírico del disco. Son letras que se sienten cercanas, indiscutibles, poéticas, llenas de soledad y mucha reflexión. Todo funciona como un engranaje.
Los 11 temas que conforman Sigo son himnos sensibles pero potentes, plagados de una sencillez y una profundidad que incitan a escuchar el disco en modo de viaje. Siendo nosotros protagonistas y creyéndonos perdidamente cada palabra que dice.
To define Americania's sound is not an easy task. From the beginning, the trio from Caracas, Venezuela
has shown that common places –or even comfortable ones—are not what they aim for. They have also
stated that beauty is not only found in the shape and form of things, but rather in every detail. Maybe this
explains the reason why, while listening to Americania, bands like The Beach Boys, The Whitest Boy Alive,
Phoenix and Smashing Pumpkins (among many others) come to mind, even though Americania sounds
like none of them.
Americania's first album, Sigo, is a lucid and honest piece of work. It makes one feel that most of its
clarity and emotional power comes from its contradictions: doubts, confidence, love, desire, pain, purity, uncertainty, joy, sadness.
The album's most prominent feature is the close connection between its parts, the playful dynamics within its instrumental arrangements and its fragile but definitive vocal harmony. Armando Añez's bass lines –
their virtuosities, their pauses—seem to exist according to Álvaro Casas' compact and diligent drums, along with the multiple universes Ítalo Pizzolante's guitar ranges between, some so delicate, some even violent. All of this complements perhaps the most essential instrument in Sigo: the voice array, ethereal in some moments, very obvious in others, leading and highlighting the aesthetic and lyrical component of the album. These lyrics feel close, indisputable, poetic, full of loneliness and introspection. Everything in Sigo is connected.
The 11 songs in Sigo are sensitive but powerful anthems. They're full of this innocence and depth that encourages one to listen and experience the album as a journey. Us being the protagonists, naively believing every word it tells.
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